El ventilador tira-caca de Luis Alberto

Publicado: junio 14, 2010 en Leer me da paja

“A la Cueva de Pueyrredón jamás fui. El que fue una vez fue Rodolfo García. Había gente que no conocíamos y que traía una onda que nos deslumbraba, por ejemplo, la primera vez que escuché a Claudio Gabis quedé anonadado, jamás había podido imaginar que un guitarrista acá tocara lo que tocaba Claudio en ese momento.”

“Me fui a Europa, el 10 de marzo, cumpleaños de mi hermana, le regalé a Pappo mi guitarra Dow, un modelo de Gibson que no baja de los 750 dólares sin estuche. Y se la regalé, la guitarra con la que compuse las canciones mas hermosas que hice para Almendra. Y para mí era una forma de mostrarle a Pappo que no existían solamente las guitarras con el volumen al mango. Que así como él me había inculcado algo de esa dureza del rock pesado, y la mano, copar y todo eso, por otro lado yo trataba de demostrarle que existía una fuente de ternura que él no podía ignorar. Fue como decirle, mirá, tomá, no te desprendas jamás de esto, para no traicionarme en tu vida, para darme tu fe, aunque no tocáramos nunca juntos, aunque jamás nos viéramos, pero como un acto de fe, una esperanza…¿Sabés que me fui a Europa y dos días después se la ofreció a Litto Nebbia por 160 lucas? Me acuerdo que yo estaba en una etapa de despojamiento tal, que esa guitarra… yo le dije a Emilio, “esta guitarra yo te la quiero regalar, porque a mí no me interesa tener nada, no quiero mas nada, no quiero ni el Marshall, ni las dos SG, ni la Repiso Huevo, ni nada..” Y Emilio me dijo: “Escuchame, dejate de joder, no seas boludo, esta guitarra la tenés que tocar vos porque es tuya”. Y me acuerdo que vino mi tío, y me dijo: “Luis, me llegó la noticia que querés regalar la guitarra. Yo te la compro”. Y yo le dije, no tío, no la vendo… y a los 15 días la regalé. Veía en mí como una respuesta espiritual. Desprenderme de esa guitarra era como si me arrancaran un brazo, porque estaba enamorado de ella al remango. Y supuse que ese acto iba a convencer a un tipo como Pappo, al que yo quería de una manera impresionante, quería tratar de que intercambiáramos el mensaje. De que se sintiera influenciado por mí de la misma manera en que yo me había sentido influenciado por él. Estaba loco ¡qué querés! Esa es mi etapa recurrente, paranoica, obsesiva, enfermiza, y de la cual tengo las peores noticias. La peor información me vino en esa época, en esos momentos”.

“Un día en el estudio TNT, mientras Almendra grababa, estaba Javier Martínez balbuceando sus armonías urbanas, con Pappo, Alejandro Medina… todos en la mano “que tumba”. No sé, a partir que conocimos a esa gente empezó la gran pálida, te juro por Dios. Esos tipos nos boicotearon desde el momento en que nos conocieron. Se reían de la música que hacíamos. Aunque había gente que valoraba lo nuestro, como Gabriel el Zombie, Miguel Abuelo, Pipo Lernoud. Jorge Alvarez comenzó a mostrar la hilacha de inmediato. Todos mis proyectos que se venían dando de una manera muy contundente, y que habían llegado a establecerse medianamente en la realidad, se empezaron a ir al diablo cuando Jorge Alvarez empezó a invitarme para que me fuera de donde estaba e ingresara al círculo de Mandioca… un clima que no me gustaba. Estaba ese chico que después se suicidó, Alejandro Peralta, un tipo que nos odiaba. Yo era tan ingenuo que me daba con todo el mundo, en ese momento no me percataba que me odiaban a un nivel infernal. Me acuerdo que un día vino Claudio Gabis a mi casa, con una pareja de muchachos que después se mataron en un accidente de auto, a decirme que el habían hecho un vudú a Litto Nebbia. Una cosa que creo que todos los sentidos juntos no alcanzan para darle cabida, era una alucinación, una cosa enfermísima. Ahí yo entré personalmente en contacto con el reviente.”

“Había cosas muy buenas, había unas sesiones de Manal que eran realmente una maravilla…Yo creía que al haber conocido a Pappo había conocido a una de las personas mas geniales que podía conocer, y me tuve que desengañar de eso como cinco o seis años después. Porque fue una cagada tras otra. Y uno no queriendose convencer que Pappo era un turro, de que era un fachista tremendo. Te diría que a ese nivel puedo tener sentimientos de resentido, con cosas que siempre me olieron mal y que como que me acordé tan tarde…me da bronca para atrás. ¿Te das cuenta del proceso? Al lado de las ondas que se cocinaban en Mandioca, nosostros eramos unos boluditos. A mí ese círculo se me presentó como un ámbito de gente corrupta. Desgraciadamente, yo cuando le rajé era tarde, caí en el seno del toco. Una noche de gran soledad en que me había enojado con mi mujer…desemboqué con uno de ellos en una madrugada de terror en donde se me estropearon las primeras neuronas de mi vida, experiencias que destiñeron gran parte de la lucidez que yo tenía a esa altura”.

“Yo no me avivaba de nada de lo que estaba sucediendo. Me limitaba a componer…no se de que manera vivía. Recuerdo que una noche hicimos una especie de bacanal con Silvita Lachupa, Pappo y Miguel Abuelo y Pappo cerró la habitación de Mario Rabey con llave y empezó a pintar esvásticas en todas las paredes, para friquearlo al Rabey, cuando viera la habitación. Cosas que yo no entendía un carajo, me divertía, era un poco la libertad, yo que sé… me fui metiendo… y cuando me quise acordar…

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